Por: Vicente Antonio Vásquez Chente Sonia hace mucho tiempo que no va a misa y como hoy es domingo, dispuso hacerlo. Se vistió con el traje mas elegante que encontró, se maquilló con esmero y salió rumbo al templo. Mientras caminaba recordó el dialogo que había tenido el día anterior: -Oye, Sonia –le había dicho su amiga-, es cierto que tu eres viuda y que no tienes compromiso con nadie, pero tienes más de un amante y eso no está bien. No creo que Dios lo apruebe. -Así es, pero es mi vida y no permito que nadie interfiera en ella, ni tú, que eres mi amiga desde la infancia.
-Disculpa, yo sólo lo decía porque ante los ojos de Dios es pecado tener relaciones pecaminosas sin estar casada y peor aún, con más de un hombre. -Mi querida amiga y critica, no será que me lo dices por pura envidia, porque tu también eres viuda y no tienes a nadie con quién quitarte las ganas. -¿Envidia, yo? ¡Que va! Si te lo digo es porque soy una mujer temerosa de Dios y cuido la santidad de mi cuerpo para que cuando mi alma inmortal se presente ante El Creador no sea desechada y remitida al fuego eterno. -Respetando tus creencias no te digo lo que te mereces por metiche, pero creo que estas desperdiciando tu vida. –Y agregó con una sonrisa- Tenemos que utilizar lo que tenemos porque en el otro mundo ya no lo podremos usar. -Para ti es fácil decirlo porque eres católica, en cambio yo soy cristiana renacida. -¿Y que tiene que ver que tu seas evangélica y yo católica? -Porque sólo vas con el cura, te confiesas y ya sales muy oronda con el perdón, a seguir pecando y hasta la próxima confesión a repetir el ciclo. -Lo que tu digas, pero no creo que nadie tenga que confesarse por amar. Esa charla que se realizó entre las dos viejas amigas, la hizo meditar y por aquello de las dudas dispuso ir a misa, confesarse y comulgar. Sonia, llegó al confesionario, se arrodilló y santiguándose, dijo: -Padre confieso que he pecado de pensamiento, palabra y obra. -Hija, que Dios te bendiga. Di tus pecados. -Padre, soy viuda, pero con una gran capacidad amatoria, mi cuerpo tiene necesidad de amor y no puedo vivir sin la pasión de un hombre. Sonia, continuó con su confesión relatando pecadillos de palabra y obra, hasta que agotó su repertorio. -Hija, es cierto que has pecado, pero el Señor es misericordioso. Yo, en nombre de Él, te absuelvo, ve y reza tres padres nuestros y tres aves marías y no peques más. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Sonia se encaminó al altar a cumplir con la expiación asignada, pensando que había sido mínima, recordando que a algunas de sus amigas, al confesarse, les había impuesto como penitencias el rezo de varios rosarios. –Bueno, se dijo, tal vez porque ellas son casadas y con su comportamiento le están fallando a sus maridos-. Acto seguido con toda devoción rezó los tres padres nuestros y las tres aves marías y sintiendo tranquilidad en su alma, buscó una de las bancas y se quedó a espera del inicio de la misa. Al terminar el padre de confesar a los fieles, se dirigió a la sacristía y a los pocos minutos salió debidamente ataviado y dio inicio al Santo Sacrificio. Durante el desarrollo de la misa, Sonia, observó que un alcohólico, se daba a la tarea de acarrear las flores que estaban esparcidas en la entrada de la iglesia, llevando en cada viaje una sola de ellas y luego la depositaba frente al altar. Pensó que el bolito se había auto impuesto una penitencia con la que pretendía expiar sus pecados. Sonia, se propuso no distraerse con el constate peregrinaje del pintoresco ser y se concentró en la misa. El cura observó con indiferencia la labor del alcohólico, por lo menos, eso pensó Sonia y la misa continuó su curso normal. Durante el sermón el párroco, habló sobre la tolerancia y sobre las distintas manifestaciones de fe e incluso puso como ejemplo al señor que estaba acarreando las flores. Sonia pensó, con cierta satisfacción, que su confesión sincera y sin hipocresías, había dejado al cura mansito y que por eso toleraba ese acto que seguramente distraía a más de uno de fieles. Llegó la hora de la comunión y Sonia, pasó a arrodillarse frente al altar en espera de recibir la sagrada ostia. El señor cura comenzó a repartir El Cuerpo de Cristo por el extremo opuesto a donde se encontraba la dama y en ese preciso momento el acarreador de flores se situó al lado de ella, pero se tambaleó y al tratar de no perder el equilibrio se apoyó en uno de los floreros. Sonia, al ver el desastre que se avecinaba sostuvo el florero, antes de que éste llegara al suelo, mientras que el bolito, en busca de un apoyo mas firme la agarro por el cuello. Durante ese abrazo de emergencia, colocó su rizada cabeza sobre el hombro de la sorprendida dama y prácticamente quedó con la cara pegada a la de ella. Mientras tanto, Sonia, trataba de colocar el florero en su sitio y al mismo tiempo hacía esfuerzos para no perder su propio equilibrio por el peso del beodo. -Disculpe, disculpe –dijo el borracho, con su mejor sonrisa, sin hacer el mínimo esfuerzos para sostenerse por su propio pie. -No se preocupe –contestó Sonia, venciendo la repulsión que se estaba apoderando de ella-, somos hermanos en Cristo. -¡No! –Gritó el borracho, sumergiéndola en su pestilente aliento-. No somos hermanos. Usted es la Mona Lisa y yo soy Brad Pitt. El señor cura no se inmutó ante los acontecimientos, continuo dando la comunión y terminó de hacerlo sin que Sonia tuviera oportunidad de recibirla. No sin esfuerzo, Sonia logró colocar el florero en su lugar y como el beodo no la soltaba, pensó que debido a su estado lo mejor sería sacarlo del templo. Esta sería su auto penitencia –se dijo- y con ella lograría completar la limpieza de su alma. Se puso de pie, cargando al bolo que permanecía asido a su cuello y empezaron a recorrer la nave central de la iglesia, como si fueran un par de felices recién casados, que acaban de darse el sí, frente al altar mayor. Ambos se tambaleaban mientras los asistente contemplaban la seudo marcha nupcial. Ella, vestida con elegancia, maquillada para la ocasión y el borracho como si fuera su hermano siamés, sin despegarse un ápice, sucio, barbado, con los efectos visibles de la borrachez, pero eso sí, luciendo su mejor sonrisa. La Antigua Guatemala, 4 de marzo de 2005 |