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Manuel Múzquis blanco. En su forma hay algo de arpa, y se antoja, que si fuera roja, acaso tuviera la de un corazón. El bosque sombrío le dio su madera y la selva entera de cauces y nidos, le dio la canción.
Las marimbas tienen el alma sonora del bosque nativo; en sus tubos canta su canción divina de la aurora, cuando tras los montes el sol se levanta; su amor y su pena suspira el quetzal, el cenzontle indiano sus quejas exala y es rumor de besos y temblor de ala y agua que entre gûijas y flores resbala como uno encantada sierpe de cristal. ¡Las marimbas tienen el alma sonora del bosque y la selva, del monte y la aurora!... Trozos desiguales de madera obscura en la que perdura algo como un acre olor de montaña; su color recuerda...recuerda...a la huraña raza que un día nos dejó en herencia su melancolía, su fuente secreta de dulce ternura, su amor y sus rabias, la loca bravura de sus caballeros tigres y leones, que hasta Guatemala llegaron legiones, y que en una tarde de sangre y de duelo –ante la impasible turquesa del cielo- bajo el acerado puñal español con la luz murieron del último sol. Por eso de Chiapas o de Guatemala, -una y otra, plumas de una misma ala- en los raros, negros tubos musicales, y en los de madera, trozos desiguales, canta Xóchitl, ríe la doña Marina, rima sus endechas Netzahualcoyoltl y zumban los dardos de Ilhuicamina y los caracoles del rey Ahuizotl... Canta sus amores, su dicha y su afán la hija doliente del Adelantado; y choca su acero Pedro de Alvarado contra la macana de Tecún Umán. ¡Se oye en las marimbas una voz lejana, la voz dolorida de la raza indiana”. Marimba que cantas, marimba que lloras, que guardas arrullos y voces de auroras, que al bosque robaste dulces melodías. Expresión sonora de gratas saudades que encierran los soplos de las tempestades que atruenan el monte con sus sinfonías. Marimba que tienes del nido los trinos, voces de armoniosos cauces cristalinos; cantar de zorzales, chocar de cristales; que cuando la mano del artista deja del menudo golpe sobre ti el temblor, tu madera toda finge que se queja y se antoja carne trémula de amor... Bríncame la urdimbre de tus melodías, sendero armonioso de mis alegrías, cárcel para todas mis melancolías haz que mi alma acoja del alma del monte que dio sus maderas para darte vida, ofrece a mis ojos el gris horizonte donde fuiste árbol, rama al sol tendida; con tus melodías mi vida enlaza, déjame que siga tu senda sonora, ¡marimba que tienes la voz de la aurora, marimba que tienes la voz de la raza!... _________________ Charles Poco a poco se llega lejos. |