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Estamos en la región de Gers, cerca de Toulouse. Rodeados de paz y tranquilidad, bellas colinas llenas de vegetación y campos de cultivo que ahora dan sus frutos. Esta zona, que algunos calificamos de mítica, es de las más bellas de Francia. Las infinitas tonalidades de verde contrastan con los cielos abiertos, azules, cambiantes, las nubes blancas y los campos de trigo ya amarillos. 
Nos cuenta Mercedes, española que vino en la infancia a vivir aquí, que los precios de las viviendas han subido mucho, ya que, sobre todo ingleses, han decidido fijar su residencia en los alrededores. Sin duda la calidad de vida es bastante superior a la de España. El clima es bueno y sobre todo sano. Mientras en España nos abrasamos en verano bajo unos rayos de sol que parecen de microondas, aquí el verano se disfruta más liviano, alternado con alguna llovizna que hace que la hierba y los árboles estén siempre verdes. Venimos de Madrid, una ciudad castigada por las obras, la contaminación, el ruido y un alcalde arbolicida. Nos impacta profundamente lo que vemos en el sur de Francia. Estamos cerca de un pueblo cuyos habitantes, en un buen porcentaje, son descedientes de inmigrantes venidos de España e Italia durante los años 30 y 40 del siglo XX. Nos dicen que ahora los nuevo inmigrantes son sobre todo de Marruecos y Argelia y que hay problemas de integración con ellos. Cosas a tener en cuenta para los más parranderos: Aquí a las 9 de la noche no hay nadie, ni comercios abiertos, ni cafeterias, ni bares. Sólo apto para aquellos que quieran una vida sana y ordenada. Ahora nos vamos a ir a recoger melones, unos melones muy parecidos a los que se cultivan en Guatemala. ¡Hasta pronto!
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