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En Bremen fuimos acogidos por Eduardo, chapín de Xela, una excelente persona, amable y divertido, que nos estuvo enseñando la ciudad. Lo primero que nos llamó la antención de la ciudad es el "deja hacer" que se respira en la zona. Tras estar en Holanda, donde todo es perfecto y todo está en su sitio, en Bremen se nota una relajación en las normas y una mayor expontaneidad en su población. 
Se nota que es una ciudad liberal, que bulle en el verano europeo llena de cafecitos, terracitas, gente paseando y paz. Eduardo nos comenta que una vez que sabes el idioma la integración en la ciudad es fácil. Comenta que no cree que los alemanes sean racistas, al menos los de esta zona. Tras conocer la ciudad pudimos encontrarnos con una chica de Guatemala que trabaja en un agradable café y más tarde con otros dos chapines: Chepe y Juan Pablo. Con ellos pasamos una divertida velada contando chistes, bebiendo cerveza alemana (para muchos la mejor) y comiendo salchichas asadas. Ellos nos comentan que la mayoría de guatemaltecos que viven en Bremen vinieron para estudiar y algunos decidieron quedarse. De Bremen nos llevamos nuevamente la excelente hospitalidad de los chapines que nos vamos encontrando en este viaje y el haber podido conocer, aunque brevemente, una ciudad muy interesante.
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