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Tras centenares de kilómetros, en una carretera que se abría en medio de infinitos bosques de coníferas, llegamos al punto geográfico donde la carretera y el círculo polar se cortan. ¡¡ Lo conseguimos !! 
Nos sorprende la temperatura: 20ºC. Yo me imaginaba que tendríamos incluso nieve. Nunca habíamos estado ninguno de los dos tan al norte y nuestro conocimiento del verano en estas latitudes es escaso. Seguimos nuestro camino hacia Jokkmokk. En la carretera nos encontramos renos, parecidos a los ciervos, pero con los cuernos recubiertos de pelo corto. Ahora han perdido su pelaje de invierno y parecen un poco "espeluchaos". 
Creíamos que al llegar a Jokkmokk nos íbamos a encontrar con un pueblo animado y alegre, lleno de samis (no confundir con los esquimales, que viven en Groenlandia). Pero nos encontramos un pueblo vacío de gente, sin vida, como las docenas de pueblecitos que pasábamos en el camino. La ausencia de gente en un pueblo lleno de casas nos llama la atención. "Where is the people? WHERE IS THE PEOPLE???" me dan ganas de preguntar al primer ser humano que me cruce. Están las casas, pero ¿¿dónde está la gente?? El paralelismo con los films de ciencia ficción está servido y no paramos de hacer bromas sobre "Bad Taste", y sobre otra peli, "La Invasión de los ultracuerpos", donde aparece Donald Sutherland y en la que sustituyen a la población por clones idénticos a la persona original, pero en realidad son extraterrestres. 
Quizá el hecho de que estemos casi al final del continente por el norte influya, pero ¿por qué hay tantas casas y tan poca gente? Me tuve que tomar una cerveza en uno de los pocos lugares algo animados que había para superarlo. 
Tras constatar ese misterio elegimos un hotel donde una anciana nos atiende. Nos ofrece una habitación y allí esperamos descansando a que sean las 12 de la noche para ver el famoso sol de media noche (no había otra cosa que hacer en el pueblo excepto quizá mirar de reojo, por encima del hombro, si nos seguía a lo lejos, lentamente, un zombie). Y así fue, en ningún momento oscureció. A las 12 salimos a la calle, por supuesto vacía de gente, y pudimos ver el espectáculo. Era de día. Un poco oscuro, ya que estaba nublado, pero adivinábamos el sol tras esa coraza de nubes. Como podemos constatar en la foto teníamos hambre. 
Era una sensación extraña. Ese mismo sol, en el mismo momento que nosotros disfrutábamos su luz, estaba también iluminando Guatemala. Esa noche no fue tal. En ningún momento dejó de haber claridad. En Jokkmokk era de día día tras día a lo largo de casi todo el verano. p.d. ya sabemos por qué no encontramos chapines en estas latitudes: No pueden dormir si es de día: Lo pudimos constatar con Guillermina. Era incapaz de dormir siendo tan de día. Eso sí, nos preguntamos ¿Cómo lo hace Mario, el chapín que vive en Islandia? ¿Realmente consigue dormir?
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